miércoles, 3 de agosto de 2011

Que nadie como tú me sabe hacer café.....

Yo los viernes no como, guarreo en el Starbucks….para mí es ya como una tradición… me encanta que me cobren un ojo de la cara por un café, que nadie me hable en mi idioma pese a estar en el centro de Barcelona, que todo el mundo se entere de lo que tomas y de cómo te llamas, tener que marcar un código para ir al baño, pelearme con esa guiri por uno de los cómodos sofás con vistas a la calle…. Aishhhh… pero es que no puedo resistirme a su Caffè Mocca: con delicioso e intenso chocolate, café espresso, leche cremosa y nata montada…El mejor remedio para los días fríos y tristes.

Creo que solo lo superan los deliciosos Capuccinos que desayunabamos en el Hotel de Cerdeña en que nos alojamos el verano pasado… Mnmmmm....!!!


Pero bueno, si queréis un lugar mucho más bonito, especial, y agradable en el que tomaros un café por el centro el sitio ideal es el Caelum.
Es imposible pasar por allí, en la calle Palla 8, sin pararnos a admirar el escaparate de la tienda. Nada más entrar, a pie de calle, nos topamos con una amplia selección de delicatessen a base de dulces de convento artesanales, chocolates aromatizados, trufas, bombones, frutas escarchadas y muchas otras tentaciones más o menos terrenales, incluidos vinos y licores aromáticos.
A un lado, unas cuantas mesas sirven para degustar algunas bebidas y tés, e incluso al mediodía se sirven almuerzos. Pero lo mejor está escaleras abajo, en el sótano, con sus arcos y bóvedas de piedra que nos transportan a la Edad Media. Luces tenues, música y un excelente buffet donde podemos servirnos directamente dulces y tartas caseros, al amparo de la luz de las velas. Una visita obligada.
 
Y en Gracia, uno de mis sitios preferidos es A Casa Portuguesa, un espacio de divulgación y promoción de la mejor pastelería, vinos y productos delicatessen portugueses. La estrella de la casa son los pastéis de Belém, unos típicos y deliciosos pasteles de hojaldre y crema de huevo y leche (están buenísimos, aunque no saben tan bien como cuando tú mismo los compras recién hechos en esas pastelerías antiguas y decadentes del centro de Lisboa), pero también podemos degustar otros muchos pasteles deliciosos, Vinos de Oporto, mermeladas, quesos, empanadas de carne... También organizan catas y degustación de productos portugueses, exposiciones temporales, presentaciones de libros o discos, conciertos y otras actividades. Y el servicio es amable y eficiente, déjate recomendar por ellos y acertarás.... Lo malo es que el local no es muy grande y sus mesas están solicitadísimas a todas horas...



lunes, 1 de agosto de 2011

Pongamos que hablo de Madrid….

Me encanta Madrid : Pasear en Navidad por la Plaza Mayor, las colas en los Museos los domingos por la mañana (porque en mi ciudad no se ven), los bares cañís de tapas, con su decoración de azulejos y toros donde degustar unos huevos rotos con morcilla y patatas fritas, desayunar porras con chocolate, o unas deliciosas tostadas con mantequilla en un bar cutre detrás del Thyssen, Chueca, con sus restaurantes de diseño, sus zapaterías, las tiendas de la calle Fuencarral,el Mercado que tanto me recuerda a Candem, y esa maravillosa tienda de chuches para adultos: Oomuombo (imposible no llevarme una bolsa llena cada vez que voy), o el histórico Bar Libertad, donde la vez que fui coincidí con uno de mis cantantes preferidos... Jorge Drexler!!!


Además mi amigo Javier siempre se encarga de cuidarme muy bien cada vez que voy, y me enseña lugares auténticos y especiales, como el Naomi Grill un restaurante sefardí al margen de las creencias religiosas, fiel reflejo de platos concebidos hace siglos entre nuestras fronteras. 
En homenaje a sus antepasados, recuperan las recetas antiguas y presentan una carta de comida kosher, es decir, sólo con alimentos permitidos por el judaísmo, y esencialmente casera. De hecho, la cocina de este familiar establecimiento cada día es supervisada por el ashgia, supervisor del Rabinato de Madrid que otorga el sello de garantía al establecimiento y que certifica la observación de las normas en todo el proceso de elaboración.
Cuscus Royal, Pastela, Kibbe oriental (croqueta de trigo), humus basar, tajin de pescado o de pollo, kefta (albóndigas de carne) con garbanzos y mechoui de cordero (pierna de cordero asada con especias) son algunas de las ricas especialidades que revelan su pasión por los condimentos así como la mezcla de dulce y salado, y que desvelan las normas del judaísmo. Por ejemplo, sólo se pueden comer peces que tengan escamas y aletas; únicamente la carne de animales rumiantes y con la pezuña partida; las aves deben ser de corral y el consumo de caza está prohibido. Además, solo un shojet (matarife judío observante ortodoxo) está autorizado a sacrificar a los animales en un matadero específico y siguiendo unas reglas concretas. Asimismo, exclusivamente un hebreo puede encender el fuego y servir el vino a los comensales. Y es que el vino es uno de los alimentos sagrados del judaísmo; con él se santifican las bodas, las comidas del shabat y las pascuas. Otro alimento del alma es el pan, que adquieren en la única panadería kosher de la capital.

C/ Pensamiento, 25. Madrid.

Mi sitio favorito para cenar en Chueca es el Bar Gastromaquia C/ Pelayo, 8, una taberna con una decoración muy sencilla, en blanco, rojo y negro y nada pretenciosa que ofrece platos tan apetitosos como la ensalada de foie con vinagreta de fresas, salmorejo, lasagna de verduras y carne con bechamel de espinacas, mejillones Tika massala, carpaccio con coulis de cacahuete …todo riquísimo y a un precio muy asequible. Es un poco pequeño, pero en su barra se está genial. Y además tienen una buena carta de vinos.
 
Y el Mercado de San Miguel (¿por qué no hacen algo así en el abandonado Mercat del Born?). Tapear aquí no tiene nada que ver con ir a un bar, esto es un espacio abierto con diferentes opciones culinarias, bodegas, y sobre todo muchos puestos de diferente categoría donde poder comprar pequeñas tapas para ser consumidas mientras haces la compra o para llevártelas a la barra de alguna bodega y pedir un vino o una cerveza.
Allá donde se cruzan los caminos,
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo,
pongamos que hablo de Madrid...