domingo, 16 de octubre de 2011

El cielo protector

Los que me conocen saben que mi experiencia personal en Marruecos no ha sido buena, pero no sería justo dejar de hablaros de este precioso lugar, que bien merece una visita.

La sensación de estar en un destino exótico y lejano se consigue nada más desembarcar en su puerto y salir del ferry que en poco más de media hora cruza el salvaje océano del Estrecho. 
Destino de artistas bohemios y tan distintos entre sí como Yves Saint Laurent, Matisse, Paul Bowles o Almodóvar….

Nadia, que vivió en Terrassa muchos años y habla un perfecto castellano fue la anfitriona perfecta durante nuestra estancia aquí:                                                                                                              
Dar Sultan, es un precioso Riad, un palacete típico marroquí con un jardín y una fuente en medio, al más puro estilo franco-marroquí.
Desde todas sus terrazas domina la Kasbah, y posee una excelente decoración de objetos antiguos de Tetuán, del Rif y de todo el mundo.
Cada día nos encontrábamos la cama decorada de distinta forma, con pétalos de rosa, con dulces típico marroquís....

Sus tres plantas dan a la parte interior donde en un acogedor patio puedes hojear un libro o beber un té. En sus preciosas terrazas puedes disfrutar de la vista de las costas españolas tan cercanas y de Gibraltar mientras disfrutas de un delicioso té a la menta que te ofrecen a cualquier hora. 
También tiene una biblioteca especializada sobre Marruecos y sus autores en donde se puede fumar si te apetece una pipa oriental (shisha) mientras la gata ronronea y se pasea entre tus piernas.


Dar Sultan está situado en el corazón de la Kasbah de Tánger. La Kasbah es un barrio situado encima de la medina de la que le separa una muralla fortificada. Es en este barrio donde residía el Sultán (Palacio Dar El Makhzen transformado hoy en museo) y donde se encontraban todos los edificios oficiales (tesorería, Palacio de Justicia, Cárcel...). La Medina y el centro están a unos minutos a pie por sus laberínticas y retorcidas calles.

Y por supuesto, si has llegado hasta aquí no dejéis de pasear por su zoco, un laberinto de coloridos bazares de babuchas, olor a cuero, cerámica de barro, alfombras cosidas a mano... imposible no salir de allí sin comprar algo para decorar tu casa, porque además, aunque como yo no sepas ni te guste regatear, los precios son realmente baratos....

Tanger es el sabor del  té con menta, el bullicioso tráfico del medio día, las vistas panorámicas, las ancianas del Riff majestuosas con sus sombreros imposibles en sus puestos callejeros de higos chumbos, los ojos de los niños llenos de paz, los recuerdos imborrables, la luz del día, el despojo de la trivialidad, los colores de las frutas, verduras y legumbres, las puertas decoradas y esculpidas, los azotes del levante, la noción lenta del paso del tiempo, las cuestas empinadas, las retinas deslumbradas, los sentimientos extravagantes, las maletas llenas de oportunidades, el gato entre los escombros, el instante detenido en la luz y el tiempo, el olor de las especias que lo impregna todo, el azul del mar, el cielo protector, las conversaciones clandestinas, las callejuelas, la medina, el aceite de argán, mi tatuaje de henna… 

 

También Asilah merece el esfuerzo de conducir hasta allí por las caóticas y dejadas carreteras del norte de Marruecos. Una preciosa y colorida población que es en sí un enorme centro comercial para turistas, pero con carácter internacional y mucha clase. Allí encontrarás cualquier cosa, desde ropa de diseñadores de la élite tangerina, joyas de plata bereber, piezas de hierro forjado, tintes o perfumes artesanos...






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